Replegando las alas

Volvió a salir el sol, tras una larga noche de 3 meses, sólo iluminada por algun relámpago procedente de las numerosas tormentas que se sucedieron. En cuanto noté el primer rayo de luz solar en mi rostro busqué un lugar cercano para posarme. Llevaba toda la noche volando, pero no fue hasta que plegué mis alas cuando me dí cuenta de lo cansado que estaba, de lo condolidas que las tenía, de hecho estaban llenas de grietas, el sólo reflejo de la luz del sol en la luna habia sido suficiente para resquebrajarlas en parte. Fue entonces cuando entendí que volar tanto y tan alto tiene un precio que no se si estoy dispuesto a pagar.

Me acomodo sobre la roca más alta de la oscura montaña para ver amanecer. Disfruto de cada momento de esa espectacular salida de sol. Por un instante pienso que no es necesario quemar mis alas, que quizás lo más sensato sea replegarlas e ir a pie, como hace la gente, y como yo siempre había hecho anteriormente. Pero pronto me doy cuenta de que estoy ahí sentado simplemente para recuperar el aliento y para ser consciente de que el sol puede quemar mis alas, será cuestión de controlar la altura del vuelo…..

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