Un ciudadano ejemplar

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El ciudadano medio se pasa 8 horas al día haciendo algo que no quiere hacer para, el resto del tiempo, poder hacer lo que quiere hacer.
Hasta que llega un momento en el que hace algo que no sabe si quiere hacer pero que es lo que debe hacer.
El ciudadano se convierte en un Homo Sapiens sedentario con descendencia, como debe hacer.
A partir de ahí este ciudadano pasa 8 horas al día haciendo aquello que no quería hacer para, el resto del tiempo, hacer algo que ni se plantea si es lo que quiere hacer.
Finalmente, un día, el ciudadano hace lo que todo el mundo tendrá que hacer quiera o no.

¿Hasta que punto haces lo que REALMENTE quieres hacer?
¿De verdad?

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Carta a unos padres

Soy como soy gracias a vuestra intolerancia, al camino marcado, al corset, al alambre de espino, al alzacuellos.
Soy el anti-héroe, pero tampoco elegí ser así.
Soy la contra reacción natural a la opresión, a la corbata en el cuello, al rebaño y a la doctrina del bien y el mal.
Soy el grito al cielo, el puño en alto, el salmón, la mancha en la camisa.
Soy el eslabón que cede, la tuerca que detiene el engranaje del porque sí, la mente que piensa, explora y decide sin preconcebir.
No quiero herencia de ideas, memes que apestan cuando te los tragas, quiero pensar, meditar, decidir sin cordón umbilical directo a mi corteza prefrontal.

Gracias. Gracias por el estímulo necesario para desarrollar la respuesta adecuada y dotarme de una mente libre pensadora.

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Oda a la Computación

Hoy voy a hacer un poco de justicia con alguien con quien vengo siendo injusto durante muchos años. La informática. Muchos (los que me conocen) sabrán que soy Ingeniero Informático. Pero también sabrán que reniego un poco de ese colectivo, de esa profesión y de todo lo que tenga que ver con el mundo de la informática. Pues bien, estoy arrepentido y quiero pedirle perdón al mundo de la Computación por haber hablado tan mal de él.

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Hace muchos años que tomé otros caminos profesionales alejándome de la Informática como tal. Pasé por labores de gerencia en mi empresa, para más adelante decantarme por los estudios en Ciencias de la vida, bioquímica y biología. Siempre quise ser científico. Siempre. Mi curiosidad me define en todos los aspectos. Mis padres siempre me recuerdan, desde que empecé a hablar preguntando el “por qué” de todo, absolutamente de todo; incluso fui un tormento cuando, en el colegio católico en el que me eduqué me enseñaban La Biblia y llegaba a casa con inverosímiles preguntas sobre la materia de la que estaban compuestos los ángeles, dejando a mis padres sin saber que contestar. Pero bien es cierto que existen muchos tipos de científicos y yo, en mi inmadurez dieciochoañera decidí decantarme por la ciencia aplicada, la tecnología.

Para ser sinceros todo empezó realmente a mis 15 años, cuando llamaron una tarde a la puerta de casa, yo estaba sólo. Se trataba de una chica que quería hacerme una encuesta, la cual consistía en varias sencillas preguntas sobre mis hábitos de estudio y recuerdo la última pregunta, que no era más que elegir entre 10 fotos de personas desarrollando labores profesionales las 3 que más te gustasen y ordenarlas según preferencias. No recuerdo el resto, pero puedo recordar perfectamente las dos que puntué con las notas más altas. Una de ellas era una imagen en la que se veía a mucha gente frente a ordenadores, en la otra aparecían personas con batas en un laboratorio desarrollando experimentos. Una semana después, esa misma chica volvió a llamar a la puerta, esta vez estaban mis padres, y vino con los resultados de la “encuesta” diciendo que había sido seleccionado para realizar un curso de programación informática en Murcia. Que mis respuestas me hacían muy propicio para ser un gran profesional de la Informática. Obviamente se trataba de una estrategia comercial, por mucho que yo hubiese elegido a la gente con ordenadores en la última de las preguntas. Pero sea como fuese empecé a desplazarme a Murcia en autobús cada Viernes por la tarde y cada Sábado por la mañana para atender a este curso de desarrollo informático mientras la gente de mi edad dedicaba esos momentos para iniciarse en el consumo de alcohol y las interacciones sociales nocturnas; así pasé desde los 15 hasta los 17 años, compaginándolo con mis clases de instituto. Nunca terminé ese curso.

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Siempre. Y cuando digo Siempre es Siempre, ha habido un ordenador en mi habitación. Ahora es normal, pero estamos hablando de los años 80, y de muy principio de los 80. A los 3 años recibí como regalo de reyes un Spectrum 48K, para los más jóvenes, se trataba de un ordenador que disponía de 48kb de memoria, que se enchufaba a un televisor y que funcionaba con cintas de cassette; ni siquiera era la versión que tenía el lector de cintas incorporada, era sólo el teclado al que había que enchufarle un radio-cassette. Obviamente hubo que esperar unos años para que pudiese usarlo yo mismo, pero no demasiados…. Muchas eran las noches encerrado en aquella habitación, de niño, en las que yo miraba a aquel bicho metálico y él me miraba a mi… y mi curiosidad me hacia trastearlo… Empecé por interesarme por los juegos. Y ahí empezó mi romance con las tecnologías. Años 80. Uno de los primeros ordenadores personales. Y yo tenía la suerte de ser un niño que lo tenía en su habitación, para mí solo. Prácticamente nadie tenía. Prácticamente nadie sabía lo que era un ordenador… Ahora recuerdo con cierta nostalgia aquellos tiempos en los que tecleaba sencillas órdenes en él y vivía aventuras con los primeros video juegos de la historia, tan tan primitivos que hoy en día sería impensable ver diversión en ellos, pero a los que yo dedicaba días enteros. Y me emocionan las historias de ordenadores y garajes, cuando leo como nacieron las grandes empresas tecnológicas, cuando veo películas como Piratas de Silicon Valley. En cierto modo yo fui parte de aquello. Me pilló tarde y yo era demasiado pequeño, pero viví mi propia experimentación “de garaje” a solas en mi cuarto con aquel trasto.

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Todo lo explicado anteriormente me llevó a elegir como carrera (no sin tremendas dudas y cierta presión familiar) la Ingeniería en Informática, frente a la Licenciatura en Biología. Los 5 años que duraron mis estudios en esa disciplina en la Universidad de Alicante me estuve planteando que habría sido de mi vida si hubiese estudiado Biología. Me decía a mi mismo que había cometido un error, pero me prometí año tras año que una vez acabase Informática estudiaría Biología. Y así fue. Comencé por adentrarme poco a poco, con un Máster de Bioinformática, mientras me sumergía en el mundo de la Investigación en un grupo de computación orientada a la medicina. Los siguientes 3-4 años fueron confusos y extremadamente duros en lo personal, pero JAMÁS perdí de vista mi objetivo en la vida. Yo quería ser científico. Y lo iba a ser. Costase lo que costase. Pasé por momentos personales que no le deseo a nadie, pero mi fuerza de voluntad me hizo salir a la superficie. Yo sólo, en mi casa, compaginaba mi trabajo diario con noches en las que desarrollaba un software para mejorar algoritmos de análisis de secuencias de ADN, simplemente por hobbie. Y yo sólo envié mi trabajo a un Congreso en el cual me lo aceptaron. Un trabajo unipersonal y sin afiliación. Yo y en casa con mi ordenador. Aún conservo el libro de aquel Congreso donde salen todos los trabajos que participaron en él. El mío es el único desarrollado por una sola persona y el único en el que no estaba implicado ningún laboratorio y ninguna Universidad (me suscribí como “Universidad de Alicante” usurpando esa identidad porque era obligatorio en el formulario rellenar ese campo) y con una única referencia en el artículo. Pedí unos días libres en el trabajo (para entonces trabajaba para una empresa de la construcción) y me planté en Zaragoza para defender mi primer proyecto científico, sin haber ido nunca a un Congreso, yendo yo sólo en representación de nadie y pagándome de mi bolsillo el viaje. Por cierto, mi trabajo allí despertó la inquietud del Departamento de física de la Universidad de Zaragoza, el cual me citó en privado para hablar sobre él.

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Pasaron los años y decidí terminar de dar el paso. Quiero ser Biólogo. Quiero trabajar en un laboratorio. Pero tengo 28 años. Y mi carrera es la de Informática. ¿Qué hacer?. Pues estudiar Biología, ¿no?. Pero como hacerlo…. Tengo un trabajo que necesito para pagar la hipoteca. Soy mayor. No tiene sentido. Bla bla bla. Y así fue como busqué una solución. Seguir trabajando. Empezar la carrera de Biología. Dormir menos. Esforzarme.

¿Resultado?. 5 años después trabajo en un Departamento de Biología Molecular y Bioquímica y preparo mi Tesis Doctoral por Ciencias. Un sueño hecho realidad por una lucha constante y una mente inquieta.

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Es por todo ello que renegué de la Informática hace tiempo y la genética se convirtió en mi pasión. Siempre he recordado la Informática como algo feo, mucha matemática, mucha física, demasiada cosa artificial, cuando mi verdadero interés se movía más por los campos naturales y por resolver dudas acerca del mundo, no acerca de artilugios humanos. Todo este malestar hacia este área aumenta cuando aun encima la gente banaliza tu profesión. De una puta vez por todas, lo voy a dejar aquí escrito:

  • Un Ingeniero Informático NO es la persona adecuada para arreglarte la impresora. Es un Ingeniero, no un mecánico. Es posible que no sepa ni por asomo como hacerlo. Al igual que un arquitecto puede que no sepa preparar hormigón o que un Ingeniero aeronáutico no sepa reparar una turbina.
  • Un Ingeniero Informático NO tiene por qué saber usar el Word, Excel, etc.. O configurarte el correo. Yo, personalmente, no tengo ni puta idea. No hay ninguna asignatura de Office en la carrera. Diseñamos circuitos, procesadores, algoritmos complejos, robots. No nos encargamos del nivel usuario estándar, no es un curso de ofimática de CCC, es una Ingeniería.

Todo este hastío hacia la computación y sus derivados ha llegado a un límite. Últimamente paso mucho tiempo sólo. Mucho más del que solía pasar antes. Y tengo muchos momentos de introspección y de tranquilidad. Mi último viaje a la India también favorece esos instantes. Y hoy, comiendo en mi odiado Burger King (las horas que eran y las prisas que tenía por llegar a un evento científico no me han dado otra opción) me han venido a la mente ciertas reflexiones acerca de mi pasado como fanático de la informática. Y oficialmente, con este escrito, PIDO DISCULPAS A LA INGENIERÍA INFORMÁTICA, por lo injusto que he sido con ella. Por lo siguiente:

  • 1) No me arrepiento en absoluto de ser Ingeniero, de hecho, es una de las mejores cosas que me han podido ocurrir a nivel intelectual. Cuando estudias una Ingeniería (y puede que no te des cuenta en el momento) tu cerebro cambia, empieza a pensar diferente, como Ingeniero, y eso es para toda la vida. Lo mejor que te llevas de una Ingeniería no son los conocimientos específicos, es la estructura de tu mente, tu forma de ver la vida, la capacidad de análisis, de solución de problemas, de búsqueda de recursos, de planificación de proyectos…. Cosas que una Licenciatura no aporta por igual.
  • 2) Jamás podré explicar la sensación tan placentera de estar haciendo algo que nadie entendería. Supongo que esa sensación la tienen la mayoría de los Ingenieros, y es sencillamente genial. Cuando estás tan centrado en un proyecto y tan documentado que te sumerges entre leyes, fórmulas matemáticas, lenguajes de programación, para conseguir un objetivo; como por ejemplo podría ser el de planificar el movimiento coordinado de los brazos de un robot en VHDML intercalado con instrucciones en ensamblador. Sobre tu escritorio decenas de hojas con fórmulas físicas, en tu pantalla miles de instrucciones de código, que tú y sólo tú, sabes que quieren decir. En esos momentos tienes una percepción privilegiada, sabes exactamente que hará el robot si en la línea 13.546 cambias un 0,5 por un -0,5; es como ver en 4D, como ser capaz de leer Matrix. Ni siquiera un colega tuyo podría descifrarlo sin necesitar semanas o meses de estudio, ni siquiera tú mismo en un tiempo sabrás que quiere decir todo aquello, a no ser que tengas una memoria prodigiosa o lo dejes perfectamente documentado. Esa sensación es la ostia, es un subidón, y debe ser parecido a lo que sentían los pioneros de la informática, incapaces de explicarle al mundo lo que estaban inventando pero siendo conscientes de que eran unos privilegiados.
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  • 3) Siempre recordaré momentos alucinantes en los que la programación me ha llevado más allá:
    • Como cuando desarrollé un programa que simulaba el comportamiento humano y nadie fue capaz de identificar que no era una persona lo que había detrás.
    • Como cuando jugué a la meta-informática, creando mi propio lenguaje, mi propio compilador con sus reglas, y desarrollaba programas sobre él. ¿Qué sintió el inventor de Cobol?.
    • Como cuando programé un juego de ajedrez mediante inteligencia artificial al que, una vez terminado, nunca fui capaz de ganarle una sola partida. ¿Paradójico verdad? Es la magia de la informática.
    • Como los “Hello World” en sistemas complejos con Ensamblador-FPGA.
    • Como la tremenda satisfacción cuando ves corriendo sin bugs un proyecto en el que llevas meses. Y por dentro te gritas: “¡Funciona!”.
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Por todo lo anterior y por mucho más, ¡Viva la Informática! Pese a los días enteros perdidos por un mal bucle “if”, pese a los errores intermitentes, pese a los momentos en los que no compila y estás seguro de que no hay nada mal, una y otra vez, pese a todo. Gracias. Y aunque hoy en día sea absolutamente imposible innovar siendo una sola persona, sin un laboratorio detrás, o un equipo formado por muchos componentes, y se haya perdido esa magia de los 70, su espíritu sigue ahí…  Y quien sabe… Yo tuve la osadía de acudir a un congreso con mi trabajo bajo el brazo, como en su día lo hicieran Jobs y Gates décadas atrás; o Da Vinci mucho antes. Para nada me comparo con todos estos genios, sólo digo que uno, con su pasión y su trabajo puede ir donde quiera. Bueno, con Da Vinci si me puedo comparar, no por su talento, pero si por su afán de diversificar sus campos de estudio, yo igualmente necesito entender todo un poco y urgar en lo que pueda. ¿Quién sabe a que rama me llevará la ciencia en un futuro?