Nunca la volveré a ver

Me incorporé y me puse los pantalones mientras ella seguía tumbada en la cama.

Mientras yo continuaba vistiéndome, ella, de repente, dijo:

– No voy a volver a verte, ¿verdad?

Respondí:
– ¿Por qué dices eso?

Ella:
– No sé, lo presiento. Todas las personas que acaban interesándome desaparecen de mi vida.

Respiré profundo y emití una mentira intentando que se notase lo menos posible, y mirando a aquella ventana por la que entraba toda la luz que la cortina permitía:
– Por supuesto que nos veremos, ha sido un fin de semana en el que lo he pasado muy bien. Pero debo irme, estoy a varias horas de mi casa y mañana trabajo. Ya hablaremos.

Terminé de vestirme, le dí un beso en la frente (ella seguía desnuda sobre la cama) y salí por la puerta, sonriendo, con el convencimiento de que, efectivamente, no la volvería a ver.

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