¿Tengo cara de ser policía?

Pues estaba yo en uno de estos días que cojo un avión para darme una vuelta por otras partes (esta vez dentro de España).

Concretamente me encontraba en el aeropuerto de Alicante y me disponía a realizar el engorroso proceso que hay que seguir hasta llegar al avión. Facturé mi maleta tras una considerable cola en el mostrador y me dirigí a la zona del control de seguridad. Había gente, pero tampoco mucha.

Me despojo de todos mis objetos depositándolos en la bandeja y lo paso por el escáner, al igual que mi mochila de mano.

1310068016_0

Aquello no pitó. Nunca he entendido en que se basa para pitar o no. Juro que muchas veces he pasado con relojes o cinturón sin darme cuenta y no ha pitado, y en otras ocasiones no sabía ya que quitarme y sin embargo no paraba de pitar. En fin.

El caso es que me disponía a continuar con mi travesía hacia el avión (en este caso buscar la puerta de embarque) por lo que me dirigí a recoger mis cosas. Justo cuando puse una mano en mi mochila, otra mano se posó sobre la mía, una con un guante. Alcé la mirada y se trataba de un Guardia Civil. Mi cabeza me hizo a mí mismo un escáner mental en micro segundos: “¿Llevas drogas?. No. Ok, todo en orden”.

El agente me dijo: “¿Es suya esta mochila?”. Asentí y me dijo: “Acompáñeme un momento si es tan amable”.

Tras meternos en una habitación me mira fijamente y me dice: “¿Es usted policía?”.

Me quedé un poco extrañado… ¿A qué veía esa pregunta? ¿Tengo yo cara de ser policía? Creo que ni de lejos… “No”, respondí.

Y me dice: “¿Entonces por qué lleva unas esposas en su mochila?”. Mientras decía estas palabras metió la mano dentro de mi mochila y sacó esto:

juguete-sexy-5-esposas-de-peluche-pluma-piezas-gafas-mouthstuff-pestañas-adultos-conjunto-artículos-eróticos-rojo

Vi la cara del agente cambiar completamente. Su rostro se tornó rojo, del mismo color que las plumas de aquellas esposas… Y me dijo balbuceando: “Eh…. mmmm… lo siento, perdón. ¿Usted sabe que no puede pasar con esto al avión?”. Sonriendo le dije: “Sí, supongo que no. Lo lamento, no he caído en ello”. Me respondió: “Lamentándolo voy a tener que quedármelas y destruirlas, es mi obligación”. Le dije que no pasaba nada, de hecho, efectivamente, supongo que es su obligación confiscármelas y destruirlas -o no-.

Cuando ya me marchaba, para no perder el avión, el agente seguía bastante ruborizado y no paraba de disculparse, pero no sólo de disculparse, sino de tratar de excusarme innecesariamente con frases como: “estas cosas pasan más de lo que nos creemos, no se preocupe, lo siento”.

Yo sinceramente me marché con unas risas en el cuerpo… Fue una situación bastante graciosa, y él estaba mucho más avergonzado que yo… No se por qué.