A veces un Whatsapp te hace temblar

Él y ella compartieron su vida durante 7 años. Fueron pareja. Construyeron un proyecto de vida juntos. Ella decidió seguir otro camino. Rehizo rápidamente su vida con otra persona. Él quedó hundido, destrozado. La cosa no acabó bien, ni siquiera acabó de forma cordial. Se separaron y no volvieron a saber nada el uno del otro.

Pasaron los años. Él también rehizo su vida. Él le enviaba cada año un mensaje por el cumpleaños de ella y otro el día de año nuevo. 2 mensajes al año, durante cada año. Mensajes a los que ella jamás respondía.

4 años pasaron. Un día, él iba camino del gimnasio, tras salir de trabajar. Estaba a punto de llegar, cuando su móvil sonó. Era un Whatsapp. Era ella. Él pensó que había sido un error, que se habría equivocado. O quizás contenía algún tipo de antiguo reproche que quedó en el tintero durante mucho, excesivo, tiempo. Al abrir el mensaje, pudo leer lo siguiente:

“Hola. Perdona que no haya contestado durante tanto tiempo, pero en todos estos años no me he visto capaz de escribirte hasta ahora. Quiero que sepas que en todo este tiempo, aunque no lo creas, no ha habido un sólo día, ni uno, en el que no haya pensado en ti o te haya necesitado.”

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A veces, un Whatsapp te hace temblar. Él nunca llegó a entrar aquella tarde al gimnasio. Las piernas le temblaban.

Él aprendió ese día que la vida nunca deja de sorprender. Nunca sabes a dónde te puede llevar. Nunca se puede decir nunca.

Lo que ocurrió a partir de ahí, es otra historia y debe ser contada en otra ocasión…